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dimarts, d’agost 21, 2007

Anaís

Anaís después de haber pasado tanto tiempo en África ya no recordaba como era la cultura del país donde nació. Ni las reuniones sociales, ni la falsa simpatía, ni el anonimato de la gran ciudad. El bullicio era para ella la tranquilidad, los mercados en el suelo lo habitual, el visitar barracas a punto de ser sepultadas su trabajo.
Burundi: palabra que llena la boca al pronunciarla, de sonoridad Africana y con final esperanzador.
Allí, es donde había pasado ya, lo que a ella le parecía, más de media vida.

Huma, la mejor amiga de Anaís no permitiría que se quedara en casa y menos el día que su hija cumplía seis años. Debia volver a la normalidad de occidente.
Al sacar la tarta, soplar las velas y cantar el cumpleaños feliz un payaso entró en el comedor del espacioso piso de Huma.
-¡Hola niños y niñas!
Los pocos adultos de la fiesta se sentaron en el sofá, incluida Anaís, los pequeños rodeaban el payaso y le miraban fascinados desde el suelo.
Anaís miraba el espectáculo como si fuera la primera vez que viera un hombre con peluca de rizos anaranjados, pantalones anchos, nariz de patata y zapatos rojos. Sin perder detalle escuchaba las risas de los niños como si hiciera siglos que no oyera una carcajada o como si los niños blancos expulsaran un sonido distinto al reír. Parecía estar absorta en esos pequeños dientes de leche que mostraban los chicos sin disimulo; algunos lucían huequecillos donde se les escapaba el aire, fruto del crecer.
-Necesito una mamá o un papá. Un voluntario, un adulto esta vez.
Todos los padres sonrieron pero ninguno quiso levantarse del cómodo lugar donde estaban sentados. El payaso se acercó al sofá i cogiendo la mano de Anaís e inclinando la cabeza preguntó:
- ¿Me permite?
Ella se levantó insegura y siguió al colorido hombrecillo que iba balanceando la cabeza haciendo mover los rizos color calabaza.
-¿Como se llama señorita?
-Anaís- dijo tímidamente.
-¡Aaaaaaaaaah! Anaís repitió el payaso.
Anaís flor del ceibo. Susurró antes de besarle la mano.
-¿Como? Dijo ella sin pensar.
-¿No conocéis la historia de la reina Anaís?
-Nooooooooooooooooooooo- respondieron los pequeños.
-¿Quereis que os la cuente?
-Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.
El payaso hizo sentar a Anaís en una silla en medio del salón y arrodillado, narró la historia.
La leyenda cuenta que la mujer que tenéis aquí delante fue una india, una reina guaraní. La belleza no era su don, como en todos los cuentos que se conocen, sino su voz. Tenía la voz más hermosa de todo el mundo. Sus canciones eran conocidas en su poblado como las más dulces. Un día fue capturada por los enemigos de su pueblo y acabó dando la vida por ellos. Al estar prisionera logró escapar matando a su carcelero pero este acto fue el que la condenaría a la hoguera. Mientras la quemaban, poco a poco, la reina Anaís se fue transformando en la flor del ceibo.
- ¿Sabéis como es la flor del ceibo, niños?
- Nooooooo.
- Es una flor muy, muy, muy roja. Tan roja como la sangre. Tan roja como los labios de nuestra reina guaraní.
Todos los niños aplaudieron y de esta forma dejaban a Anaís sonrosada, volver al sofá notando los palpitos de su corazón acelerados.

Solo había oído una vez esa historia, ya no la recordaba; pero sumergiéndose en los ojos azules de ese rostro maquillado de blanco, intentando retener esa mirada profunda, buscando algún punto de referencia no cubierto por la pintura o por esa nariz roja, reconoció a quien una vez se la contó dulcemente al oído.


PAYASO

dimecres, d’agost 01, 2007

Esta noche

moto
Esta noche cuando estés durmiendo
bajaré a buscar la moto que veo cada dia aparcada junto a tu portal,
Dejaré mi pijama a flores juntos a tus pies
y me enfundaré unos pantalones oscuros y una camiseta negra.
Romperé las cadenas de la moto vieja y me subiré con ansias encima de ella.
Daré una vuelta entusiasmada hasta que la adrenalina se escape por mis poros.
Regresaré habiendo recorrido no mas de 10 kilometros
y con una acceleración cardíaca digna de un maratón.
Mis labios reflejarán una sonrisa pícara y dejaré la antigua motocicleta
justo en el lugar donde la entronré.
Subiré, me colocaré rapidamente mi pijama, te besaré en la mejilla
y todavía entusiasmada susurraré: hasta mañana.

dijous, d’abril 19, 2007

No quiero

1.Pedro M. se me declara en convivencias. Fue bonito pero corto.
2.Martí Q. me enamoro locamente pero discutimos demasiado. Sus celos nos asfixian.
3.Victor P. tonteamos durante medio año. El día que por fin consumamos me doy cuenta que no me gusta.

-Iñaqui.
-¿qué?
-¿Me quieres?
-Claro.
-Lo has dicho demasiado rápido. No lo has pensado.
-¿Pero qué tengo que pensar?, si te quiero.
-Iñaqui, esto no se puede decir a la ligera.
4.Pol J. era imbécil perdido. Solo me quería por mi culo.
5.Hugo (no recuerdo su apellido) nos conocemos en la playa. Típico rollito de verano. Él es de Murcia.
6.Julián R. Se mete demasiada mierda por la nariz. Se acaba el día que me pide dinero para comprar farlopa.

- No lo digo a la ligera. Yo ya sé que te quiero.
- ¿Puedes hacer el favor de pensarlo?
-Vale. Voy a pensar.
- ¿Ya está?
- Hombre, no, estoy pensando.
- ¿En qué piensas?
-En si te quiero.
-¿Y por que piensas tanto?
-¡¿Pero no me has dicho que piense?!
7.Jimmy R. coche espectacular, cerebro patético. Los fines de semana se reducen a ver el futbol, jugar a la play station y el polvo de rigor.
8.Mario D. Me dejó y nunca entendí por qué. Solo dijo que era una paranoica.
9.James N. Demasiado correcto, demasiado Inglés.

-¿A lo mejor es que no me quieres?
-¿Pero qué dices?
- Digo que a lo mejor es qué no me quieres, si tanto te cuesta decirlo.
-Pero si ya te lo he dicho.
-Pero no como yo quería que me lo dijeras.
-A ver. Como quieres que te lo diga.
- No ya no quiero que me lo digas.
10.Alexander P. A la segunda semana me lo encuentro en la cama con otra. Casi le arranco los ojos. Suerte que él nunca me encontró con mi vecino de puerta.
11.Georgina D. Me dice que soy la chica de sus sueños, me besa y me gusta. Al día siguiente ya no me gustó.
12.Angelo T. es perfecto pero me da miedo. Su mirada, a veces, es aterradora y no puedo dormir a su lado.

-Cariño tranquilízate. Me estas poniendo nervioso.
-Muy bien. Yo te pongo nervioso y tú no me quieres.
-¿Pero de donde sacas eso?
-Dímelo, dímelo: no me quieres.
-¡Basta! No te lo voy a decir.
-No te atreves, ¿verdad? Cobarde.
-¡Basta ya!
-Ni a eso te atreves, ni a decirme la verdad.
- ¡Marina te estas pasando!
- No me quieres, no me quieres y no me quieres. ¡Dilo!
- De acuerdo. No te quiero.
13.Iñanqui E. Mañana cumplíamos un año. Me ha confesado que no me quiere.


Mar de Borja